Rhazù's Photos

Advertisement
 

flirt Are you interested?

bOนุUาaหมีน้oE - 20, Female, Single

Yes No

hi5 Flirt. Meet and date the hottest people online

Flirt now!

 

“hay un momento, donde uno sabe que tiene que mandar al carajo a Cerruto, en especial a su teoria del círculo, y avanzar como en su cuento, para caminar con los vivos.”

Comments

  1. Posted Nov 17 6:11 PM

    Q miedoo
    parecez Hector Lavoee
    xD

  2. Posted Nov 17 6:11 PM

    Q miedoo
    parecez Hector Lavoee
    xD

  3. Posted Nov 4 8:11 AM

    Hola Razhu como estas yooo todo bienn y tu ???

  4. Posted Nov 3 5:50 AM

    hOlaa Razhú! .. ke nombre tan xtraño!.. pero wonito!..

  5. Posted Oct 29 7:04 PM

    Imaginé que jamás habria respuesta U_U

  6. Posted Sep 24 7:05 AM

    Hola x3

  7. keyko says:
    Posted Sep 23 10:01 PM

    Dinky !!!! io kiero k tambien me dibujes !!!!! :D

  8. Posted Aug 16 8:43 PM

    Chulisimo!
    :E

  9. Posted Aug 13 2:32 PM

    SeE AmI JhOn jHoN LeNnOnN!
    jUjUjU
    Oe sE Te eXtRaÑiAaA ^^
    ChEvRe lA PiC*

  10. Posted Aug 5 8:18 AM

    "El Círculo"
    La calle estaba oscura y fría. Un aire viejo, difícil de respirar y como
    endurecido en su quietud, lo golpeó en la cara. Sus pasos resonaron en la noche
    estancada del pasaje. Vicente se levantó el cuello del abrigo, tiritó
    involuntariamente. Parecía que todo el frío de la ciudad se hubiese concentrado
    en esa cortada angosta, de piso desigual, un frío de tumba, compacto.
    "Claro - se dijo y sus dientes castañeteaban --, vengo de otros climas. Esto
    ya no es para mí."
    Se detuvo ante una puerta. Sí, ésa era la casa. Miró la ventana, antes de
    llamar, la única ventana por la que se filtraban débiles hilos de luz. Lo demás
    era un bloque informe de sombra.
    En el pequeño espacio de tiempo que medió entre el ademán de alzar la mano y
    tocar la puerta, cruzó por su cerebro el recuerdo entero de la mujer a quien
    venía a buscar, su vida con ella, su felicidad, truncada brutalmente por la
    partida sin anuncio. Se había conducido como un miserable, lo reconocía. Su
    partida fue casi una fuga. ¿Pero pudo proceder de otro modo? Un huésped
    desconocido batía ya entonces entre los dos su ala sombría, y ese huésped era la
    demencia amorosa. Hincada la garra en la entraña de Elvira, torturábala con
    desvaríos de sangre. Muchas veces él vio brillar determinaciones terribles en
    sus ojos, y los labios, dulces para el beso, despedían llamas y pronunciaban
    palabras de muerte, detrás de las cuales percibíase la resolución que no engaña.
    Cualquier demora suya, cualquier breve ausencia sin aviso, obligado por sus
    deberes, por el reclamo inexcusable de sus amigos, provocaba explosiones de
    celos. La encontraba desgarrada, temblando en su nerviosidad, pálida. Ni sus
    preguntas obtenían respuesta ni sus explicaciones lograban romper el mutismo
    duro, impregnado de rencor, en que Elvira mordía su violencia. Y de pronto
    estallaba en injurias y gritos, la cabellera al aire, loca de cólera y amargos
    resentimientos.
    Llegó a pesarle ese amor como una esclavitud. Pero eran cadenas que su
    voluntad no iba a romper. La turbulencia es un opio, a veces, que paraliza el
    ánimo y lo encoge. Vivía Vicente refugiado en su temor, sabiendo, al propio
    tiempo, lo mismo que el guardián de laboratorio, que sólo de él dependía
    despertar el nudo de serpientes confiado a su custodia. Y la amaba, además.
    ¿Cómo soportar, si no como una enfermedad del ser querido, ese flagelo que
    corroía su dicha, ese concubinato con la desventura? La vida se encargaría de
    curarla, el tiempo que trae todas las soluciones.
    Fue la vida la que cortó de un tajo imprevisto los lazos aflictivos. Un día
    recibió orden de partir. Pensó en la explicación y la despedida, y su valor
    flaqueó. Engañándose a sí mismo, se prometió un retorno próximo, se prometió
    escribirle. Y habían transcurrido dos años. Casi consiguió olvidarla, ¿pero la
    había olvidado? Regresó a la ciudad con el espíritu ligero, conoció otras
    mujeres en su ausencia, se creía liberado. Y, apenas había dejado su valija,
    estaba aquí, llamando a la puerta de Elvira, como antes.
    La puerta se abrió sin ruido, empujada por una mano cautelosa, y una voz -
    la voz de Elvira - preguntó:
    -- ¿Eres tú, Vicente?
    -- ¡Elvira! -- susurró él, apenas, ahogada el habla por la emoción y la
    sorpresa. -- ¿Cómo sabías que era yo? ¿Pudiste verme, acaso, en la oscuridad,
    a través de las cortinas?
    --Te esperaba.
    Lo atrajo hacia adentro y cerró.
    --¡Es que no puede ser! Tuve el tiempo escaso para dejar mi equipaje y venir
    volando hasta acá. ¿Cómo podías saberlo? No lo sabía nadie.
    Ella callaba, grave, parsimoniosa. Estaba pálida, más pálida que nunca,
    pensó Vicente. Lumbres de fiebre encendían sus ojos arrasados por el
    desconsuelo. Como él había imaginado, con lacerante lástima, cada vez que
    pensaba en ella.
    --La soledad enseña tantas cosas - dijo--. Siéntate.
    Él ya se había sentado, con el abrigo puesto.
    --Hace tanto frío aquí como afuera. ¿Por qué no enciendes la estufa?

  11. Posted Aug 5 8:18 AM

    --¿Para qué? Aquí siempre hace frío. Ya no lo siento.
    No había cambiado. Era así, indócil, cuando la roía alguna desazón. ¿Iba a
    discutir con ella esa primera noche? Le tomó la mano helada y permanecieron en
    silencio. La habitación estaba casi en penumbra, otra de sus costumbres
    irritantes. Pero, en fin, no le había hecho una escena. Él esperaba una crisis,
    recriminaciones, lágrimas. Nada de eso hubo. Sin embargo, no estaba tranquilo:
    la tormenta podía estar incubándose. Debajo de esa máscara podía hallarse,
    acechante, el furor, más aciago y enconado por el largo abandono. Tardaba,
    empero, en estallar. De la figura sentada a su lado sólo le llegaba un gran
    silencio apacible, una serena transigencia.
    Comenzó a removerse, inquieto, y de pronto se encontró haciendo lo que menos
    había querido, lo que se había prometido no hacer: enzarzado en una explicación
    minuciosa de su conducta, de las razones de su marcha subrepticia, disculpándose
    como un niño. A medida que hablaba, comprendía la inutilidad de ese mea culpa y
    el humillante renuncio. Mas no interrumpía su discurso, y sólo cuando advirtió
    que sus palabras sonaban a hueco, calló en medio de una frase, y su voz se ahogó
    en un tartamudeo.
    Con la cabeza baja, sentía pasar el tiempo como una agua turbia.
    --De modo-- dijo ella, al cabo--que estuviste de viaje.
    La miró Vicente, absorto, no sabiendo si se burlaba de él. ¡Cómo! ¿Iba a
    decirle ahora que lo ignoraba; que en dos años no se había enterado siquiera del
    curso de su existencia? ¿Qué juego era ése? Buscaba herirlo, probablemente,
    simulando un desinterés absoluto en lo que a él concernía, aun a costa de
    desmentirse. ¿No acababa de afirmar que ella lo sabía todo? ¡Bah! Se cuidó, no
    obstante, de decírselo; no quería dar pretexto para que se desatara la tormenta
    que su tacto había domesticado esta noche. Decidió responder, como al descuido:
    --Sí, estuve ausente algún tiempo.
    Sólo después de una pausa Elvira comentó enigmática:
    --Qué importa. Para mi ya no existe el tiempo.
    --Precisamente -dijo él extrayendo de su bolsillo un menudo reloj con
    incrustaciones de brillantes--, te he traído esto. Nos recuerda que el tiempo es
    una realidad.
    Consideró Elvira la joya unos instantes. Sin ajustar el broche, puso el
    reloj en su muñeca.
    --Muy bonito -elogió. -No sé si podré usarlo.
    --¿Por qué no?
    --Déjalo ahí, en la mesita.
    "Parece enferma", pensó Vicente, mientras depositaba el reloj sobre el
    estuche abierto. Estaba en efecto, delgada, delgada y exangüe. Pero no se
    atrevió a interrrogarla.
    Estalló un trueno, lejos en las profundidades de la noche. La lluvia gemía
    en los vidrios de la ventana. Un viento desasosegado arrastraba su caudal de
    rencor por las calles, sobre los techos.
    --Bésame -le pidió ella.
    La besó largamente, estrechándola en sus brazos. El viejo amor renacía en un
    nuevo imperio, y era como tocar la raíz del recuerdo, como recuperar el racimo
    de días ya caídos. Refugiada en su abrazo, parecía la hija del metálico
    invierno, un trozo desprendido de la noche.
    --Tienes que irte, Vicente. -Se puso de pie.
    --Volveré mañana.
    --Sí.
    --Vendré temprano. No nos separaremos más. Te prometo. . .
    --No prometas nada. Estoy segura. El pacto está sellado, vete.
    La lluvia azotaba la calle con salvajes ramalazos de furia.
    "¡Maldito tiempo!", rezongó Vicente, calado antes de haber dado diez pasos.
    "A ver si ahora no encuentro un taxi."


    Somos prisioneros del círculo. Uno cree haberse evadido del tenaz acero y
    camina, suelto al fin, un poco extraño en su albedrío, y siente que lo hace como

  12. Posted Aug 5 8:18 AM

    en el aire. Le falta un asidero, el suelo de todos los días. Y el asidero es, de
    nuevo, la clausura.
    Vicente atraviesa calles y plazas. Hay un ser que se desplaza de él y lo
    aventaja, apresurado, con largas zancadas varoniles, ganoso del encuentro.
    Mientras otro, en él, se resiste, retardando su marcha, moroso y renuente. Él
    mismo va siguiendo al primero, contra su voluntad. ¿Pero sabe siquiera cuál es
    su voluntad? ¿Lo supo nunca? Creyó, un momento, que era el saberse libre. Ya
    libre, su libertad le pesaba como un inútil fardo. ¿Qué había logrado, si su
    pensamiento era Elvira, si su reiteración, sus vigilias se llamaban Elvira? Su
    contienda (los dos atroces años debatiéndose en un litigio torturado) ¿no tenía
    también ese nombre? Lúcido, con una lucidez no alterada, percibía, curiosamente,
    la naturaleza del discorde sentimiento, que no se parecía al amor ni era el
    anhelo de la carnal presencia de Elvira, sino una penosa ansia, la atracción
    lancinante de una alma.
    La secreta corriente lo lleva por ese trayecto tantas veces recorrido.
    Vicente se deja llevar. Discurre los antiguos lugares, los saluda, ahora, a la
    luz del sol; entra en la calleja familiar, luego de haber dejado atrás, a medio
    cumplir, sus afanes.
    Llama a la puerta. Un perro que pasa se detiene a mirarlo un instante,
    después sigue trotando, sin prisa, calle abajo.
    Vuelve a llamar y espera el eco del campanillazo. Nada oye; el timbre, sin
    duda, no funciona. Toca entonces con los nudillos, en seguida más fuerte.
    Ninguna respuesta. Elvira ha debido salir. ¿Pero no queda nadie en la casa?
    Retrocede hasta el centro de la calzada para mirar el frente del edificio.
    Observa que las celosías están corridas, los vidrios sin limpieza. Se diría una
    casa abandonada. ¡Qué raro era todo esto!
    Una vecina se había asomado. Lo examinaba desde la puerta de su casa, la
    escoba en la mano. Vicente soportó el escrutinio sin darse por enterado. "Bruja
    curiosa", gruñó. La vieja avanzó por la acera.
    --¿Busca a alguien, señor? -preguntó.
    --Sí, señora -respondió de mala gana. -Busco a la señorita Elvira Evangelio.
    La mujer tornó a examinarlo, acuciosa.
    -- ¿No sabe usted que ha muerto hace tres meses, señor? La casa está vacía.
    Vicente se encaró con la entremetida. Esbozó una sonrisa.
    --Por supuesto -dijo--, la persona a quien busco vive, y vive aquí.
    --¿No pregunta usted, acaso, por la señorita Evangelio?
    --Así es, señora.
    --Pues la señorita Evangelio ha muerto y fue enterrada cristianamente. La
    casa ha sido cerrada por el juez, ya que la difunta no parecía tener parientes.
    ¿Estaría en sus cabales esa anciana? Vicente la midió con desconfianza. En
    cualquier caso, era una chiflada inofensiva; seguiría probando.
    --Soy el novio de Elvira, señora. Estuve ausente y he vuelto ayer, para
    casarme con ella. La visité anoche, conversamos un buen rato. ¿Cómo puede decir
    que ha muerto?
    La mujer lo contemplaba ahora con espanto, dando pequeños grititos de
    desconcierto. Llamó en su auxilio a un señor de aspecto fúnebre, con trazas de
    funcionario jubilado, que había salido a regar sus plantas en la casa de
    enfrente, y a quien Vicente recordaba haber visto en la misma faena alguna vez.
    El hombre se acercó sin dar muestras de apresuramiento.
    --¿Oye usted lo que dice este señor, don Cesáreo? Que anoche estuvo en esta
    casa. . . con la señorita Elvira. . . visitándola. ¡Hablando con ella!
    Los ojos del jubilado se clavaron hoscos, en Vicente, unos segundos: no lo
    encontró digno de dirigirle siquiera la palabra. Dio a comprender, con su
    actitud, que juzgaba con severidad a los jóvenes inclinados a la bebida y,
    volviéndole la espalda, se retiró farfullando entre dientes.
    Vicente decidió marcharse. O toda esa gente estaba loca o padecía una
    confusión grotesca. ¡Par de zopencos! Después de todo, tenía un viso cómico el
    asunto. Se reiría Elvira al saberlo.

  13. Posted Aug 5 8:17 AM

    Por la noche la casa estaba toda oscura. Llamó en vano. Sus golpes resonaban
    profundamente en la calma nocturna. Sus propios golpes lo pusieron nervioso.
    Comenzó a traspirar, advirtió que tenía la frente humedecida. Un tanto alarmado
    ya, corriendo sin reparo por las calles silenciosas, hasta encontrar un
    vehículo, acudió a interrogar a algunos amigos. Todos le confirmaron que Elvira
    había muerto. No se aventuró a referirles su extraña experiencia; temía que lo
    tomaran a risa. Peor aún: temía que le creyeran.
    Hay una zona de la conciencia que se toca con el sueño, o con mundos parecidos al sueño.
    Creía estar pisando esa zona, esa linde a la que los vapores
    azules del alcohol nos aproximan. Y con la misma dificultad del ebrio o del
    delirante, su espíritu luchaba por discernir la realidad.
    Cuando el juez, accediendo a su demanda, abrió la casa de la muerta, Vicente
    descubrió, sobre la mesia de la sala, el pequeño reloj con incrustaciones de
    brillantes, en el estuche abierto.

  14. Posted Aug 5 7:59 AM

    Para los que no sabes =)
    o que no sabían, como yo xD
    ammm.. wenop ayer te conté que estaba encerando mi cuarto.
    hoy toca sala y patio.
    aunque si va llover de nuevo, ya no patio xD
    Ciao!!! ^^
    ah!! bajare tu cosa que me dijiste... ayer no pude u.u
    en fin...
    Ciao! ^^ [again]

  15. Posted Aug 5 7:44 AM

    Cerruto [jaja]
    [.......]
    n.n

  16. Posted Aug 5 7:44 AM

    si ta bien ah!!!!!!!!!! tas mejorando rachuuuuuuuuu pero por que no pondra la foto entera a que le tienes mieda ahhhhhhhh jajaja
    v
    v
    v
    Rhazú no tiene miedo, porque él es una belleza...
    si o no?...
    Tú siempre dices... Una belleza como yo (H), bla, bla bla :E etc...
    xDDDDDDD

  17. Posted Aug 5 7:42 AM

    Chú!!! ... te salio bien!!!
    tus lentes xDDDDDDDD
    jajaja

  18. Posted Aug 3 9:48 PM

    quien es cerruto ahhh? ¬¬ nuchee..explicamee! jajajajajaja

  19. Posted Aug 2 9:08 PM

    q es esuu??..jajajajaa

    ahh tuu! jojojoj :):)

  20. Posted Aug 1 10:36 AM

    si ta bien ah!!!!!!!!!! tas mejorano rachuuuuuuuuu pero por que no pondra la foto entera a que le tienes mieda ahhhhhhhh jajaja


Title
body